Fotografía: © Tristán Pérez-Martín
Inspirada en la Siberia extremeña, La Quijá indaga en los huecos de la memoria
colectiva, en los restos que sobreviven en los gestos, los ritmos, los ritos o las canciones que ya nadie recuerda del todo.
Busca la poesía en lo que sobrevive, en lo que resiste al paso del tiempo. A través de una fisicalidad intensa y orgánica, propone un viaje hacia los huesos, hacia la médula que guarda el pulso de lo antiguo, y hacia un cuerpo que no es solo individual, sino comunitario. Entre la aspereza y la ternura, la pieza indaga en la poesía que emerge cuando el cuerpo se convierte en tierra, y el movimiento, en una forma de recordar. La quijá no habla directamente de Portugal, pero respira un paisaje común: el de la frontera, la ruralidad y la memoria compartida entre dos pueblos que se reconocen en la misma tierra.
PREMIOS: nominada a los Premios MAX 2025 y a los Premios Talía 2026.