Inauguración: 5 de septiembre a las 16:00. Contextile 2026 propone la realización de una residencia de corta duración con la artista española Idoia Cuesta. Con el resultado de esta residencia artística, se celebrará una exposición durante el festival Contextile, acompañada de talleres y charlas.
Inauguración: 17 de septiembre a las 18:30. Resonancias entre arquitectura, cultura e identidad. Festina lente es una aproximación visual a aquello que está a punto de desaparecer (fragmentos del paisaje urbano, huellas) a través de registros a escala de superficies arquitectónicas, fotografías y material gráfico.
Inauguración: 24 de septiembre a las 18:30. Esta exposición reúne un conjunto de obras que transitan entre la fotografía, la escultura y la instalación para abordar las transformaciones del territorio provocadas por la actividad minera.
Irene Trapote / Antonio Cervera Fontenla (comisario)
La exposición Tramas del paisaje de Irene Trapote reflexiona sobre los vínculos culturales entre España y Portugal a través del paisaje atlántico y de los saberes que históricamente lo han configurado.
Rocío Royo Durán (comisaria) / Luis López Casero (paisaje sonoro) / Mario de la Cueva, Miguel Bueno, Isabella Peláez, Juan Martín Bermúdez, Pablo Barrena, Attila Fekete (fotografía)
Exposición fotográfica inmersiva que combina imágenes, video, paisaje sonoro y documentación contemporánea para explorar las salinas del siglo XXI como espacios de sostenibilidad, memoria y transformación cultural. Visibiliza las salinas artesanales de la Bahía de Cádiz como ejemplos de paisaje cultural vivo e infraestructura astuta. A través de la mirada, la experiencia invita al público a habitar el paisaje, reflexionar sobre la importancia de las salinas y reconocer su valor ecológico, cultural y social para las comunidades costeras del futuro.
Invisible. La representación del ojo como elemento intermedio entre la memoria y el olvido es una intervención artística que resignifica espacios abandonados. Mediante un código Morse reinterpretado, el ojo se convierte en un símbolo que se proyecta en lugares identitarios abandonados. A través del ojo y el parpadeo, reflexiona sobre la presencia y la ausencia.